Historia



La primera población que pudo tener su origen, probablemente, en una posada en el antiguo camino que unía Valencia con Toledo y que atravesaba el río Cabriel por el puente de Vadocañas.


En el término destaca un famoso yacimiento paleontológico de final del Mioceno (6 millones de años) y donde se han encontrado importantes fósiles de los camellos gigantes más antiguos de Europa (“Paracamellus Aguirrei”), antílopes (“Tragoportax Ventiensis”, único en el mundo), antecesores de los toros (“Parabos Soriae”), hipopótamos, elefantes gigantes, tigres de diente de sable, etc.


Pinturas rupestres (Hoz de Vicente)En cuanto a la presencia humana, en el abrigo de la Hoz de Vicente del río Cabriel se descubrieron en 1987 más de 100 representaciones pictóricas rupestres del Neolítico. También son varios los yacimientos y cultura material que marcan la presencia de los iberos en el término. Restos de cerámica nos señalan con casi total seguridad la explotación ya en época de los iberos de las Salinas de Jaraguas y también desde 1996 se está estudiando un importante alfar ibérico en el paraje de la “Casilla del Cura” del s. V a.C., especializado en la producción de cerámica para su comercialización.

Estos yacimientos, junto con otros del término municipal (“Apedreaos”, “Moluengo”) y de la comarca (“El Molón” en Camporrobles, “La Peladilla” en Fuenterrobles) estaban relacionados con la importante ciudad ibérica de Kelin (en Los Villares de Caudete de las Fuentes). Sin embargo, aún no se puede determinar cual era la tribu que dominaba la zona, aunque queda descartada su filiación con los celtiberos o edetanos. Posteriormente, el territorio fue objeto de un proceso de romanización rápida del cual han quedado algunos vestigios.



 La historia de Venta del Moro está fuertemente ligada a la de Requena, de la que ha sido aldea hasta su definitiva segregación en 1.836. La comarca en general ha sido un territorio fronterizo de escaso poblamiento, pero con una actividad importante de tránsito de mercancías. Ya a partir del año 1021, Requena marcó la divisoria entre los reinos de taifa de Toledo y Valencia. El Tratado de Cazola en 1179 entre Alfonso VII de Castilla y Alfonso II de Aragón reservaba la reconquista de Requena a los castellanos, como así sucedió con Fernando III entre 1237 y 1238. Alfonso X entregó su carta de población a Requena en 1257. Requena se vio pronto favorecida por la concesión de Puerto Seco en 1264 y Almojarifazgo como aduana de Castilla, donde debían tributar las mercancías en tránsito. Esta aduana fue fuente de problemas y disputas entre nobles castellanos y la corona hasta que finalmente toda la comarca quedó como terreno de realengo.


Hoz Vicente
 El primer documento que nos habla sobre Venta del Moro es una visita pastoral datada en 1579 del Obispo de Cuenca y cita Venta del Moro como un lugar de 7 vecinos y 24 personas de comunión que en otra visita pastoral de 1588 se convertirían en 6 vecinos. Por tanto, la zona es de poblamiento reciente (sobre todo en el caso de las aldeas más pequeñas), aunque sólo parece adivinarse un poblamiento más antiguo de Jaraguas por encontrarse en un altozano de carácter defensivo sobre la confluencia de tres ramblas y por su cercanía a unas salinas de explotación antigua. Todos los núcleos de población se encuentran cerca de una fuente o rambla que actuaría como razón inicial del hábitat: fuente Amparo y ramblas Albosa, Encaños y Salada en Jaraguas; fuente de los Desmayos en Venta del Moro; rambla Bullana con sus fuentes (Tío Mario, Fuente Grande, Hambre, Fuentecilla, etc.) en Casas del Rey; ramblas Albosa, Bullana y Varejo en Casas de Pradas, etc.



 El origen del topónimo y pueblo de Venta del Moro se basa en la hipotética existencia de una venta regentada por algún musulmán en el camino que iba de Toledo a Valencia y que comunicaba Iniesta con Requena por el puente de Vadocañas. Es este puente (término de Venta del Moro e Iniesta) reconstruido definitivamente, tras diversas riadas, en su estado actual por la villa de Iniesta a mediados del s. XVI, del que se habla en las “Relaciones de pueblos del Obispado de Cuenca mandadas hacer por el rey Felipe II : Iniesta” (1575) con las siguientes palabras: “hay una muy principal puente y edificio que loan los que ven a la parte de Vadocañas, camino de Requena y Valencia, de piedra labrada, fecha a costa de esta villa y repartimiento de vecinos, y con gran gasto que duró años, por no tener de propios, de un solo ojo y de gran altura y anchura. Pasan carros y gente. Tiene el ojo ciento y veinte pies en güeco de mucha largura. Dicen ser la mayor y mejor y de grandes y mayores piedras del reino, y pasan bestias, y todo lo demás, de Toledo y otras partes a Valencia y Requena donde está la aduana”. Es también por Vadocañas por donde pasa la vereda de La Mancha o San Juan que se une en las cercanías de Jaraguas con la vereda de la Serranía de Cuenca. Por tanto, ésta fue siempre una zona de tránsito de arrieros, caminantes, comerciantes y ganado entre Castilla y Valencia.


Mapa del Término 1798
 En el censo de 1699, Venta del Moro era aún un pueblo de sólo 15 vecinos, pero será en la segunda mitad del s. XVIII cuando se constata ya un importante crecimiento demográfico en la zona con aportes migratorios. De hecho, en las “Respuestas Generales al Catastro del Marqués de la Ensenada” de 1.752 el término actual de Venta del Moro figura con un total de 101 vecinos (450 habitantes aproximadamente) repartidos entre Venta del Moro con 36 vecinos, Casas de Pradas con 12, 10 en Jaraguas, 7 en Tamayo y un muy reducido número de vecinos entre las aldeas más pequeñas del término y sus caseríos (4 en Casas de Moya y también en Las Monjas y Los Cárceles, 3 en Casas del Rey, 2 en Los Marcos...). Este Catastro cita la existencia además de la Iglesia de Venta del Moro (entonces anexa a la parroquial de Villargordo y a la de San Salvador en Requena) de las ermitas de Jaraguas y Los Marcos. Es el mismo catastro el que calcula en 1436 hectáreas aproximadamente (4490 almudes) las tierras labrantías (no contabiliza parte del término municipal por quedar comprendido en las Respuestas Generales al Catastro de Requena), de las que un 96% se cultivaban de cereal (trigo, avena, centeno y cebada) y sólo un 0´5 % de viña (actualmente en régimen casi de monocultivo). Otros cultivos minoritarios que cita en la zona es el azafrán, garbanzo, cáñamo, verduras, hortalizas, maíz, guijas, etc. El olivo y almendro eran prácticamente inexistentes. El ganado estaba representado por 2.000 cabezas de lanar, 1500 cabezas de cabras y 450 colmenas. Había una pequeña representación del sector textil compuesta por un peraire, un sastre y cinco tejedores, pero de dedicación no completa a su oficio. En el cabezón de las rentas provinciales (alcabalas, millones, etc.) a Venta del Moro le tocaba pechar con 1919 reales de vellón. Este mismo Catastro de 1.752 señala la no residencia en el término de ningún noble o hidalgo, ni tampoco miembro del clero.


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